De fábula

6 Feb 07

Efigenio Buenasperas (*) vive en Guayaquil, en la vía perimetral. Todos los días sale de su casa a las cinco y media de la mañana. No olvida su mochila con los dulces que vende, desde esa hora, en las busetas. Tiene que tomar tres carros para llegar a su zona habitual de trabajo, ubicada en las cercanías al Policentro. A cada uno de los choferes que lo llevaron, ya viejos conocidos suyos, les regala 2 caramelos por el favor.

Efigenio comienza entonces su deambular por las busetas de la zona, ofreciendo siempre con el mismo cantar sus dulces y caramelos. Aguanta sol, lluvia, la gripe que lo ha estado molestando desde hace tres semanas y no se ha podido curar. En los días buenos, se hace alrededor de 6 dólares, de los cuales tiene que invertir 2 para poder comprar los caramelos del día siguiente. En los días malos, regresa con un dólar a la casa.

Ya en la noche, a eso de las diez, luego de casi dieciséis horas de trabajo, lo esperan su hija de 4 años y su mujer, que le ha preparado un arroz con un huevo frito. Efigenio, gracias a Dios, es centrado, y no desperdicia su dinero en vicios. Se sabe muy responsable por su familia, y sabe que mal o bien, con su trabajo sobreviven.

Efigenio es igual de responsable y algo más trabajador que un vocal del tribunal constitucional. La pregunta que quiero dejar es: ¿Está bien que un vocal del tribunal constitucional gane cerca de 9000 dólares por la responsabilidad y las horas de trabajo empleadas para la administración de justicia?

* Nombre ficticio, por si no se habían dado cuenta

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