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Día 3: Mi delirio sobre el Chimborazo

28 May 08

Viene del día 2.

Para ser exactos, me encontraba bastante emocionado con la subida al Chimborazo. Ya lo había hecho en una ocasión anterior, pero me había quedado picado por no haber podido conocer la nieve, y por haberme dado soroche cuando llegué al segundo refugio.

Pero esta vez si podía conocer la nieve; se la veía mucho más baja en esta ocasión. Adicionalmente, ya le había consultado al guía que nos había llevado la ocasión anterior y me confirmó que en el primer refugio estaba la nieve esperándome. El tema es que para poder lograr aquello, hay que ir en los meses de invierno. La vez anterior había ido en septiembre.

Llegamos al punto de encuentro a las 9am; no sin antes cruzarnos por medio del desfile de la Alegría que para esa hora ya estaba arrancando. Como les mencioné, una de las principales avenidas de Riobamba estaba cerrada junto con sus interesecciones y la gente no daba chance. Debo decirlo: amigos riobambeños, cuando celebran, celebran en grande.

Llegó Don Guido en su Datsun 1600 hecha taxi para llevarnos. El guía de la vez anterior no nos acompañaría en esta ocasión. Además creo que entendió que el tema era llegar a la nieve. Sí, ya sé, insisto mucho en eso, pero de verdad que me quería sacar la pica. Comenzó el viaje y luego de 45 minutos ya ví el volcán como veo el cerro Santa Ana todos los días: muy cerca. Las vicuñas propias del lugar ya habían levantado la cabeza ante el ruido.

Entramos al parque nacional, cancelamos los 2 dólares por cráneo (por ser ecuatorianos, a los extranjeros les cobran 10 dólares), y el carro avanzó. Ahí ya comenzó mi alivio: A los lados del camino de tierra, estaba la nieve. La tierra húmeda impedía que se levante polvo. Cuando llegamos al primer refugio, y nos bajamos del carro, calculé una temperatura de unos 3 ó 4 grados centígrados, si no fue menos. El viento incluso hacía que la sensación de frío fuera mucho mayor. Pero valió la pena el viaje.

Pude hacer una bola de nieve con las manos. ¡Ya voy siendo pelucón!, me dije, en una muestra de auto-humor negro. La verdad es que me sentía muy a gusto tanto conmigo para con los míos. Si pueden hacer este esfuerzo, vale completamente la pena, insisto.

Luego de un rato nos fuimos al refugio a coger algo de calor. Al jr se le habían salido accidentalmente los zapatos en un pisotón y pues tenía húmedas las medias. Y comprenderán que en medio de tanto frío…

Luego salimos otro momento más, consumidas un par de tazas de café y unas tabletas de chocolate. Para nada caro. Seguimos jugando en la nieve por unos 30 minutos más; hasta que ya el jr no pudo más: el frío le estaba ganando la partida. Decidimos que era momento de regresar al campamento base.

Así lo hicimos. Finalmente, extenuados y escuchando al fondo el desfile de la Alegría -hasta las 17H30-, nos echamos a la cama rendidos. Nos faltaba una parada más.

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