Que este gobierno no es centralista es el chiste más repetido y cansa tanto que ya ni risa causa. Sin bastarle haber eliminado el PAP, el programa de adecuamiento de escuelas conjunto con el Municipio, la salida de la Junta Cívica de Guayaquil del directorio de la CTG, destruir al otrora decano de la prensa nacional, El Telégrafo, entre otras actitudes claramente centralistas (nadie puede hacer sino es con venia del Estado -aka Gobierno Central-), ahora parece que van por el gran escollo que le queda al gobierno para hacerse más gordo: La Junta de Beneficencia de Guayaquil.
Conversaciones van, conversaciones vienen. Pero al final el criterio de SM Rafael I será el que se imponga, como todo lo que ocurre desde que ganó las elecciones. ¡Ay de aquel que se le oponga! Terminará al lado de Alberto Acosta.
Y, cual suerte de gallina de huevos de oro, piensan matar a la JBG, para que se olvide de la lotería como su principal ingreso, de modo que pase a ser hija del ya gordísimo presupuesto general del estado. Y saben qué? Estoy seguro que los recursos no llegarán puntuales. Que al primer descalabro económico ya no solamente sufrirán los hospitales públicos, sino también los de la junta.
Es la cabeza que le falta en el salón de los trofeos a la Revolución Ciudadana. Y, para nuestra mala suerte, lo van a lograr. Lo peor es que les saldrá como el cuento: el interior no es de oro, y terminaron matando a la gallina.
Ójala me equivoque.


