
Debo admitir que he ido por otro tipo de incovenientes, más no por falta de ganas. Las ballenas jorobadas vienen a pegarse un paseíto por acá, a aguas más cálidas que las del polo sur. Y el paseíto lo hacen para conquistarse una hembrita y conservar la especie.
O sea que al final las aguas ecuatorianas son el motel de las ballenas.
Bueno, ya hablando un poco más en serio, el día martes 3 de junio se inauguró la Décima temporada de avistamiento de ballenas jorobadas. Textualmente desde la nota en el Ministerio de Turismo:
La isla de la Plata, Puerto Cayo, Puerto López, Bahía de Caráquez y San Vicente en la provincia de Manabí; Súa y Muisne en Esmeraldas; la Isla de Jambelí en El Oro; Playas de General Villamil y Posorja, en el Guayas; Salinas, Santa Elena y Montañita, en la provincia de Santa Elena, son entre otros, los destinos que les permiten disfrutar de este espectáculo natural, ofrecido por miles de ballenas, que viajan anualmente desde la Antártica hacia la zona ecuatorial del Océano Pacífico.
Así que a preparar mochilas y demás cheches para pegarse el respectivo viaje a la costa. Ójala esta vez no tenga ninguna excusa tonta -a más de el billete- para poder ir a observar a los mamíferos. Aunque ahora que lo pienso mejor quizá los dejamos en paz, creo que a nadie en su sano juicio le gustaría que lo observen mientras “lo hace” con su pareja.
Y además, recuerden: las ballenas ya son de todos.


