
Terminada la visita a la cascada de la vírgen, comenzó una garúa. Aprovechamos la garúa y que ya hacía hambre para guarecernos en un restaurante del montón que hay en la zona. Esperamos hasta que la lluvia pasase para poder ir al zoológico. Creíamos que la lluvia nos había dañado el paseo, pero en realidad sólamente lo detuvo un momento.
Cogimos un taxi entonces y después de $1 y 2 minutos, nos tenía en la puerta del zoológico San Martín. Canceladas las entradas comenzamos a recorrer el mencionado lugar.
Nos inclinamos primero por las aves. La primera parada fue en el águila de pecho azul, creo -ya la memoria me está fallando-. Seguimos luego donde el gallinazo real y avanzamos luego donde el venido-a-menos- por-estos-días cóndor.
Avanzamos un poco más y nos encontramos con tucanes, pericos, papagayos y guacamayos. Algunos pericos sí sabían “hablar” y nos saludaron amablemente. Sueltos por ahí estaban unos capibaras, que ya nos habían advertido que eran completamente inofensivos.








