Algo tarde, pero hay que hacerle al trabajo también. El amable lector Felipe Soriano ha querido compartir con los otros lectores de este blog su análisis de los resultados electorales hasta el día de hoy cuestionados.
Apenas conocidos los resultados extraoficiales de las votaciones y Correa tenía ya montada una carpa en Guayaquil para celebrar un triunfo “apoteósico, inédito”. Insistentemente repetía que por primera vez desde el llamado “retorno a la democracia” un candidato ganaba una elección en primera vuelta. Sin embargo, tras la máscara sonriente del supremo, discurso triunfalista y baile de rigor, se podía apreciar un dejo de insatisfacción, y es que no le faltaba razón, progresivamente van mermando los votos. Del 81% que obtuvo el 15 de abril de 2007 en la consulta popular para la instalación de la constituyente, 17 meses después, en septiembre del 2008 bajó al 63% la aceptación a la nueva constitución; hoy, los verdes movistar apenas rebasan el 50%. Correa está aprendiendo lo que otros se saben de memoria, no existe electorado fiel. La mayoría se deja embaucar con promesas alucinantes, otros por una camiseta, una fundita de víveres o la remota posibilidad de acceder a un carguito. ¡Ingenuos!, ¿de dónde van a salir tantos cargos públicos? Ni que el número de asesores fuera directamente proporcional a la ineptitud de los asambleistas.
Esta contienda, la enésima en la era Correa, forma parte del plan tejido por el “buró político” de Alianza País a raíz de que el caudillo accedió a la presidencia. La “larga noche electoral” en que está embarcado el país, la avalancha propagandista del gobierno y la confrontación con todo aquel que no coincida con su punto de vista, son parte de la estrategia de la “revolución ciudadana” para mantener ocupadas a las masas tomando posición entre los buenos (el gobierno) y los malos (los que no están de acuerdo con él), para esto se echó mano de una maniobra elemental pero efectiva, buscar enemigos e inculpar de los males nacionales a los contradictores más visibles y de peor reputación: banqueros, partidos políticos, periodistas, curas y hasta el gobierno colombiano. Tan extraviado está el populacho que ha olvidado que puede ejercer ciertos derechos, como exigir cuentas por el desgobierno de estos dos últimos años. A nadie parece importarle el despilfarro de más de 25.000 millones de dólares en 24 meses, la desintitucionalización del Estado, la rampante corrupción en contrataciones dirigidas y adjudicaciones a dedo, el incremento del desempleo, la deficiente calidad de la educación, el estancamiento de la economía, la concentración del poder, la manipulación de los organismos autónomos, el descalabro del manejo petrolero, el incremento de la delincuencia, de la pobreza, la falta de propuestas para salir de la crisis, etc, etc. La precaria cultura política propia de una democracia blandengue, sumada a la desbordante propaganda oficial matizada con permanentes confrontaciones, dio los resultados esperados: embolatar el cerebro –de por si nebuloso- de los ecuatorianos hasta que se perdió el horizonte. Hoy 12 millones de compatriotas son pasajeros de un barco sin brújula capitaneado por un alucinado comandante, en cuyo trayecto esperan descubrir –ojalá no se hunda antes la piragua- que mismo es eso del socialismo del siglo XXI, la revolución ciudadana y otros embelecos esotéricos.
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