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Secretaría de Transparencia de Gestión… ¿para qué?

Alguna vez cuando estaba aprendiendo el tema de administración de equipos de trabajo y personal, me enseñaron que “cuando todos son responsables de algo, nadie es responsable de nada”.  No lo recuerdo exactamente, pero la frase es perfecta.

Honestamente no entiendo qué hace el presidente Correa creando una nueva Secretaría de Estado, con rango de Ministerio.  Se supone que la nueva función de Control Social y ni-se-que-más va a hacer las funciones que hasta ahora venían haciendo la Comisión de Control Cívico de la Corrupción y la hasta ayer extinta Secretaría Nacional Anticorrupción.  O se suponía.

Porque ahora existe una “Secretaría de Transparencia de Gestión“.  Sí, cuyo trabajo será exclusivamente -de nuevo, bajo el concepto en la mente retorcida mía-, duplicar los esfuerzos que bien se podría hacer bajo una sola tutela.

Y de paso se enseñaría con el ejemplo -a más de las acciones que el gobierno propone- que nos estamos preparando para afrontar “sangre, sudor y lágrimas“, de la crisis económica que nosotros no provocamos, al tener menos gastos.

¿Tanto costaba reubicar gente?  Pues no sé si en plata, pero parece que el costo político es alto.  Si yo hubiese sido Correa, hubiera mandado a Alfredo Vera a la casa.  Razones no faltan:

- ¿Qué pasó con las anomalías en los contratos de San Francisco?  No hay nadie con sentencia ni juicio por medio.  Se sigue investigando.  Y los directivos de Odebretch ya se fueron del país.

- Raúl Carrión se hizo de las suyas y no aparece por nada del mundo.

- Las mafias enquistadas en el ministerio de Economía han de seguir por ahí.

- Sobreprecios en emergencias?  Bien gracias.

No sé ustedes, pero a mí me parece más bien como que el señor Vera sabe algo que nosotros no.  Creo que le conviene a la revolución ciudadana no alejarlo.

Y ya veré la rueda de prensa en el siguiente megaescándalo de corruptelas: todos darán la cara, pero ninguno señalará con nombres y apellidos a los culpables.  Y así seguiremos.  ¿A quién reclamaré entonces?

Escupir al cielo

Como seguramente ya lo anoté por acá, mamá dice que no hay que escupir al cielo.  De pelado obviamente lo intenté sin el resultado esperado, es decir, ganarle a la gravedad.

Parece que doña Norma Delgado no le enseñó eso a Rafico.  Porque si de algo peca nuestro actual presidente es de soberbio.  No sé si sobrado o soberbio.  ¿Caretuco? ¿Dueño de la verdad?  Ya no sé, en serio.

El asunto es que al final si nos ha importado la crisis económica.  Así lo hace notar la misma prensa presidencial ahora, en un discurso hoy donde dijo que “se vienen tiempos duros y difíciles” para Ecuador a consecuencia de la crisis financiera mundial (según la misma nota).

Yo pensaba que no le importaba la crisis de Estados Unidos.  Que estábamos más que seguros de ello.  Que mejor que algún día Estados Unidos se preocupe que lo que pasa en Ecuador.  Sí.  Así lo dijo.  Ah no.  Fue la prensa corrupta que malversó ello.  Que teníamos los mejores ejercicios fiscales de Latinoamérica.

¿Si ven?

Niños, lección de hoy.  No escupan al cielo.

Claro, ya va a salir alguno diciendo que efectivamente la prensa lo acomodó a su modo.  Veamos el video.

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¿Y las manos limpias?

Con algo de disgusto tengo que confesar que en su momento voté por Correa y lo que el viento de cambio significaba; o significa, porque la esperanza de días mejores aún la mantengo.

Demoré algo para darme cuenta de que lo que en realidad estaba sucediendo era un cambio de dueño del país, como en su momento Alfredo Pinoargote lo mencionó.

Escuchar al presidente los sábados -gracias a Dios no se podrá este sábado por su estadía en Irán- es como las narraciones de Odiseo y los cantos de sirena: uno quisiera correr a los brazos y decirle “tu eres, loco, tu eres”.  Pero no.  Finalmente toca hacer como el mismo Odiseo y amarrarse a la proa del navío para no caer en la tentación.

Yo recuerdo una de esas frases “fiscalicen, fiscalicen todo lo que quieran, porque no nos van a encontrar nada”.  Y ahora cuando comienzan a fiscalizar aparecen los que se olvidaron de lavarse las manos.

“Como no nos pueden demostrar que somos corruptos, la prensa malvada se encarga de inventarnos cualquier tontería”.  No es literal, pero el espíritu creo que si está conservado.

Y hay cosas que saltan a la vista y están reconocidas.

Sólo por eso hubiese querido escuchar a Correa este sábado, a ver qué decía de Raúl Carrión.  Porque él no es el culpable.  Él no responde por actos de corrupción de otros.  Porque todo es culpa de algún funcionario mal intencionado que “no entiende a la revolución ciudadana”.  Vaya.  He escuchado bastante las intervenciones del presidente.  Es como si lo estuviera diciendo.

“No se preocupen compañeros, que tendremos mano dura con aquellos corruptos”, me imagino que diría.  Lo trágico del caso es que:

- Todavía no veo a nadie preso -o algún nombre sonar y duro- por los sobreprecios en San Francisco y la supuesta corrupción en Odebretch.

- El hasta antier dueño del circo, está desaparecido y no sale a responder porqué finalmente renuncia.

- ¿Que demonios pasó con Cao Lay Muñoz?

- Las compras por la emergencia en Salud finalmente tienen sobreprecio ¿ o es fruto todo el relajo de un mal reparto?

- Y que me dicen de Alegro, la empresa 100% ecuatoriana (ecuatorianamente corrupta)?

- Ya ha pasado un tiempo prudencial como para “recuperar la plata de los ecuatorianos vendiendo las empresas de los Isaías”.  Y no se dice nada de ventas o qué mismo.

- Lo de Toni fue un chiste que más pareció arreglo.

Pero no se me confunda: me parece adecuado que todo esto el gobierno lo haya sacado a la luz, pero… ¿y los culpables?  Deberían estar pagando prisión, por lo menos.

¿O es que ya las manos se le ensucaron al gobierno?

Política: ¿poder o servicio?

A veces prefiero pensar que hay muchos cepillos -lambones- en Carondelet o en los ministerios.  En estas épocas en las que las vacas flacas comienzan a comerse a las gordas, todos quieren tener el favor del supremo emperador, de su majestad, del todopoderoso.

Quizá a ninguno le gusta que le den su nalgada los sábados y en público.  Todos hacen pareciera más por miedo que por iniciativa propia.  Si no fuese así, yo escucharía a Correa más felicitar a sus ministros que recriminarlos.  Y los sábados los reta, les increpa.  Cuando algo se ha hecho bien, dice “nosotros”.  Cuando algo sale mal, dice “ya voy a ver que ha pasado con…”.  No, él no tiene la culpa de nada.  Y obviamente tampoco tiene la culpa de cómo está el país.  Eso es por la larga noche neoliberal y el capitalismo infernal y aberrante.

Pero ya me desvié del tema principal.

Bueno, hablaba de los cepillos o lambones que pululan en Carondelet.  Y digo esto porque demás está sabido que el modelo de gestión de Guayaquil está cuestionado desde hace casi 2 años.  Que exitoso o no, que lo evaluen otros, a mí más que exitoso me parece adecuado.  Existe muchísimo por mejorar y lo conocemos, lo sabemos.  Que la regeneración urbana se ha dedicado más a la ciudad que a la gente, sí.  Pero no puedes sacar adelante a la gente en medio de basura y desdén.  Y eso, hay que reconocer a los últimos 16 años de gestión.  Cualquiera que lo niegue o no le cogieron la carpeta en el municipio o simplemente quiere hacer contra.

Claro que hacer mucho más que las gestiones del PRE tampoco es la gran tontera.

Y otra vez me desvié del tema.

Como dice el alcalde, él es un hombre de sumar y multiplicar.  No es mi gran favorito pero apruebo su gestión.  Y me gusta esa frase.  Porque todo ser que se jacte de pensar, tiene que saber que sólo unidos podremos salir del atolladero.  Del estancamiento en el que efectivamente nos dejaron los gobiernos anteriores, a todos los ecuatorianos de a pie.  Que ha habido injusticia, es cierto.  Pero eso no tiene porqué detenernos a buscar nuevos días.  JUNTOS:

Y casi me vuelvo a ir del tema.  Juntos, decía.  Y no mezquinando recursos ni destruyendo lo que se ha levantado.  Repito: todo es susceptible de mejora, pero juntos, no por separado.

Me ha dado pena leer notas tales como: retirar la participación del Municipio de la regeneración de escuelas, que la central de llamadas de la Corporación de Seguridad Ciudadana está siendo peleada, que “en cualquier parte menos en Guayas“.

Yo pensaba que todos remábamos para el mismo lado.  Iluso y pendejo yo.  Al final todo esto viene siendo cuestión de política, de votos, de maniqueísmos egoístas.  De sacar cuentas y ver quién va de candidato a Alcalde (¿no se dan cuenta de los méritos que está haciendo el obediente Jiménez?).  Aunque nuevamente parece una pelea de “yo la tengo más grande”.

Y en medio nosotros.  Que vivimos más cerca de la delincuencia cada día.  Con miedo de caminar con algo de dinero en el bolsillo.  Con miedo de subirnos a un taxi sin ponerle seguro a las puertas.  Con largos y terribles dolores de cabeza pensando cómo demonios hacer alcanzar la quincena 2 días más; mientras el gobierno duplica esfuerzos y borra lo hecho para hacerlo “como la revolución ciudadana manda”, o como el alcalde se pone en posiciones testarudas en lugar de invitar al diálogo a ver cómo se puede ayudar.

Ayayay.  Parece que lo que interesa más es destruir lo logrado acá.  Que si el MAAC no pagará la alícuota.  ¿Realmente vale la pena hacer un escándalo de ello?  Durante las cadenas de los sábados parece que sí.  ¿Y entonces?  No que todos estabamos invitados al cambio y un poco de sartas más?  ¿Qué precepto político impera, el de servir o el del poder?

Yo si sé.

Foto: Angel Blue

El final de la fiesta

No recuerdo exactamente qué fue lo que habré sentido cuando en sus arranques la Asamblea Nacional Constituyente expidió el mandato 8, que a parete de eliminar la terciarización, elimina también todas esos excesos de los contratos colectivos del sector público.  Me dije “se acabaron los abusos”.

Concretamente no tengo pruebas de nada, pero mucho me han comentado de las fantásticas prebendas que tienen algunos servidores públicos.  En algún lado leía que algunos puestos son “heredables”.  Que las vacaciones pagadas incluían a la familia.  Que los permisos por asuntos sindicales eran pagados así no se labore.  Todo eso escondido bajo “conquistas laborales”.  Vaya. Que las jubilaciones por medio millón de dólares.

“Pero si he trabajado toda mi vida, era lo justo”.  Honestamente, yo tengo otra idea de trabajo.  No uno de 8 a 2 en invierno o de 8 a 4 en verano.

Espero que éstos sean los excesos que está revisando el Ministerio de Trabajo.  Y si los sindicalistas patean, es porque les están quitando algo.  Y no creo que sea el sueldo.  Quizá por eso también se cabrearon cuando se eliminó la terciarización: el contrato colectivo incluirá más gente.

Si así llueve, que no escampe.  Y esto, definitivamente, es algo bueno que este gobierno está haciendo.  El siguiente paso es la eficiencia en la burocracia.  Aunque eso creo que será mejor rogarlo a la Narcisita.

¡Qui idiota!

Cuando el 28 de septiembre pasado, el reloj daba las 17H30, recibí un mensaje al celular preguntándome si creía que Correa iba a cambiar su actitud ahora que lo tenía todo.  De golpe y porrazo respondí que no creía.  Pero luego, viéndolo y escuchándolo en la siguiente hora, timoratamente respondí el mensaje nuevamente diciendo un “parece que sí”.  Pues a estas alturas del partido sabemos que se quedó en eso, en apariencia.

A Correa se le acabaron los enemigos locales: luego de destrozar al entonces Congreso Nacional, tomarse los Tribunales Electorales y Constitucionales, darle el golpe de gracia a la partidocracia, descalificar a todo pelucón que se le atraviese, mandar a la casa del palo que atraviesa el mástil a la prensa, excomulgar a la cúpula de la iglesia y un par de presos por gestos “obscenos”, no le quedó a quién atacar.  O sea, los tiene, pero ya en este momento ganó todo localmente y lo volverá a hacer en febrero próximo.

Ahora los cucos están afuera.  O mejor dicho, vienen del extranjero.  Muy sobradamente Correa dijo hace dos semanas que le importa un pepino la crisis financiera estadounidense (no fue así literalmente, pero el sentido es ése), luego también de su actitud ”el estado soy yo” en las relaciones con Colombia, se fue por el lado que, honestamente creo, no debió irse al menos acá en Latinoamérica: contra Brasil.

Su actitud de prepotencia y arrogancia, de no darse cuenta del garrafal error que fue “expulsar” a una empresa del país, le pasará factura al país.  No sé de donde demonios sacará dinero para completar todas las obras pendientes que tenía Odebretch.  No sé si el ya inflado y sobre burocratizado PetroEcuador podrá tomar los campos de PetroBras.  El eje Manta-Manaos se va a ir más al rincón de los olvidos que los nombres de los 20 “infiltrados” que aún nos debe.  Pero tranquilo país: los que pierden son los brasileños, nada menos que la décima potencia económica mundial.  Eso nos venderá el presidente Correa el sábado.  Tomen nota si quieren.

¿Quién invertirá en un país así?  Si a pretexto de soberanía, se irrespetan contratos, leyes y tratados internacionales, ¿quién demonios, que no sea PDVSA, vendrá al Ecuador a poner billete?  Más de 1500 puntos de riesgo país espantan a cualquiera

Sí señores brasileños.  Correa es un bravucón.  Y ése es su estilo.  No traten de entenderlo.  Él es así.

O quizá los rusos se dieron cuenta que aquí en realidad está la mata de la contrainteligencia y por eso vinieron a entrevistarse con Correa?

Foto: Presidencia de la República - cuando los Alvarado se llevaban bien con la gente de Odebrecht nadie le había visto sobreprecios a los contratos.

El PSOE y PAIS tienen el mismo publicista

O al menos me toca pensar eso para pensarlo bien.

Yo creía que la propaganda del viejito “porque mi voto esta vez vale 100 años de espera”, era de lo mejorcito que habían parido los creativos ecuatorianos -reconózcamoslo, el comercial está bien hecho-, pero no ha sido cierto.  Si no me creen, vean la publicidad del Partido Socialista Español, a propósito de las elecciones de Marzo de este año.

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Yo lo que dije cuando se terminó la propaganda fue, ¡qué hijueputa! ¡Son igualitas!

¿Plagio?  No, que va.  Este gobierno es de manos limpias.  Meras coincidencias. Seguramente también se contrató asesoría española para los comerciales.  ¡Ja!

Vía La Alharaca