Posts etiquetados con ‘historia’

17 de julio: Batalla de Ibarra

Cuenta la historia que esta fue la única batalla dirigida personalmente por Simón Bolívar en tierras ecuatorianas.   La imagen que encabeza esta entrada (tomada desde Acuario27), corresponde a la piedra llamada “La Chapetona”, donde se cuenta que Bolívar dirigió a las personas encaramado en dicha roca.

El año del enfrentamiento fue en 1823, un año después de la batalla del Pichincha.   El tema fue que fuerzas oficialistas venían desde Pasto, al mando del coronel Agustín Agualongo, llegaron e irrumpieron destrozando la ciudad de Ibarra.   Para esto ya se había despachado en batalla a Juan José Flores.

Bolívar, que estaba de descanso en Los Rìos, se puso en marcha para frenar a Agualongo, encontrándose en Ibarra para la batalla, luego de haber reunido tropas en Otavalo.

La festividad es feriado local en Ibarra.   Actualmente se recrea la batalla con ayuda del grupo de caballería Yaguachi.   Otra foto luego del salto, tomada igualmente de Acuario27.

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13 de mayo: nacimiento de la República del Ecuador

El 13 de mayo de 1830, Ecuador se separa de la hasta entonces Gran Colombia: el sueño de Bolívar se esfumó.

Hoy, 178 años y 21 constituciones (y una más en camino) después, nos preguntamos si habrá valido la pena.   Si es que realmente lo de Bolívar era utópico y no pudimos haber vivido como hermanos “andinos”.   A lo mejor y las FARC hubieran ido a Brasil y no a Ecuador.   A lo mejor ya hubieramos organizado un mundial de fútbol.   A lo mejor en estos momentos fuese Chávez presidente, Correa presidente del congreso y Uribe presidente de la Corte Suprema de Justicia.   Dios nos libre.

Pero bueno, son sólo suposiciones.   Y el pasado se quedó por allá.   Realmente creo que el problema se dio por la gran extensión de la Gran Colombia y la dificultad de manejarla desde un gobierno central.   Quizá con estados federados hubiera sido algo distinto.   Ya!  Basta de suponer.

Y sí, un 13 de mayo dieron la partida de nacimiento de la república del Ecuador.   Y parece que estos son los días en que quieren expedir la partida de defunción.   Pero tenemos un país pequeño en tamaño, grande en corazón.   Muy rico pero también muy asaltado.   Dicen que en estos momentos la patria ya es de todos.   Y yo digo, cuando dejó de serlo.   Que la patria vuelve.   La patria nunca se fue.

Notas más serias y mejor elaboradas las encuentran en: Diálogo con Joselías y Diario Correo

La revolución marcista

La revolución marcista fue la primera revolución con carácter nacionalista, pues hasta ese entonces, 1845, se tenía amplia injerencia militar extranjera en nuestro país.

Lo que colmó la paciencia de la gente fueron dos cosas: la nueva constitución llamada -por la oposición, claro- “Carta de la Esclavitud”, así como una ley de Tributo, mediante la cual todo hombre mayor de 23 años tenía que pagar anualmente 3 pesos y 4 reales al fisco.

Pues como siempre, el tocar el bolsillo de la gente es lo que las hace reaccionar. Claro que la “Carta de la Esclavitud” era bien ridícula también, entre los puntos destacados, por lo dictatorial de la misma, eran:

  • Para ser ciudadano se debía poseer una propiedad de 3000 pesos o una renta de 300 pesos.
  • El Presidente duraba ocho años en sus funciones, los Diputados cuatro años.
  • La Libertad de Imprenta quedaba tan restringida que se estipulaba castigos hasta para los vendedores de diarios impresos en el exterior.
  • El Presidente tenía amplias facultades: Elegía a los jueces; autoridades eclesiásticas y militares.

Lo interesante de este asunto es que fue Vicente Rocafuerte, primero desde Guayaquil y después desde Lima, quien comenzó a organizar el asunto; una vez que vio las verdaderas intenciones del General Juan José Flores, con quien hasta entonces tenía relaciones amistosas.

Y fue entonces desde Guayaquil que comenzó la revolución. El 6 de marzo, al amanecer, se tomó el cuartel de artillería. Muchos jóvenes pidieron armas entonces y se desconoció el gobierno del Gral. Flores. Se formó entonces un gobierno provisional dirigido por Vicente Ramón Roca, Diego Noboa y José Joaquín de Olmedo.

Conciente de la situación, Flores se refugió en la hacienda “La Elvira” de su propiedad, en Babahoyo. Fueron tres encuentros entre las tropas revolucionarias, al mando del General Elizalde y las tropas del oficialismo, al mando del General Wright.

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La muerte de Eloy Alfaro

Ayer 28 se recordó la muerte de Eloy Alfaro Delgado, elegido unos años atrás como el mejor ecuatoriano de todos los tiempos.   Se hicieron múltiples homenajes en el país: Asamblea, Gobierno y demases hicieron lo suyo en esta fecha.

Leía entonces un post de Joselías que incluso me hizo estremecer.   Debo confesar que sabía que había sido arrastrado e incinerado, pero jamás me imagine que de una forma que para inicios del siglo XX incluso, se veía únicamente en tribus salvajes.

Dejo aquí una parte del relato, pero les sugiero enormemente que vayan a leer el post completo.

Las órdenes fueron precisas. €œNo dejen pasar a nadie, pero cuidado con estropear al pueblo ni darle de culatazos€. Un centinela grita a la muchedumbre: €œTenemos orden de no disparar contra el pueblo€Ocho individuos, son los primeros en entrar y con precisión se encaminan a la celda donde están los prisioneros.

Dos soldados con sus rifles, cuatro muchachos y dos criminales, relata Loor Moreira. Entre ellos iba José Cevallos el cochero del Palacio Presidencial. La puerta se abre de un golpe. €œ¡Silencio! ¡Que quieren de mi!€, increpa Alfaro. Cevallos le da un barretazo y le dispara un tiro a la cabeza.

€œ¡En el nombre de Dios! Prostitutas, ladrones y frailes. Alargaron las manos sobre el menudo cuerpo, a tantearle, a dejarle sin sonido, a desgarrar sus ropas, a tocarle alguna vez, ídolo muerto. No podían hablar, pero reían. Se dieron placer en clavar las uñas y robarle. Desnudo ya, descolgado de su aventura, le llevaron hasta el filo del corredor y de allí lo aventaron contra el patio€. (Parejo Diezcanseco). Siguen Páez, Medardo Alfaro, Serrano, Coral a quien le arrancan la lengua y finalmente Flavio quien, herido y todo, opuso resistencia. Los cadáveres desnudos o con poca ropa interior son arrojados, de las celdillas al piso bajo y de aquí los entregan a la multitud que los arroja del pretil del panóptico a la calle.

€œEn esta hora de odio, en que el crimen era una proeza y la multitud, ebria de furor, muchos se disputan la hazaña de haber dado muerte a los presos€.