La revolución marcista fue la primera revolución con carácter nacionalista, pues hasta ese entonces, 1845, se tenía amplia injerencia militar extranjera en nuestro país.
Lo que colmó la paciencia de la gente fueron dos cosas: la nueva constitución llamada -por la oposición, claro- “Carta de la Esclavitud”, así como una ley de Tributo, mediante la cual todo hombre mayor de 23 años tenía que pagar anualmente 3 pesos y 4 reales al fisco.
Pues como siempre, el tocar el bolsillo de la gente es lo que las hace reaccionar. Claro que la “Carta de la Esclavitud” era bien ridícula también, entre los puntos destacados, por lo dictatorial de la misma, eran:
- Para ser ciudadano se debía poseer una propiedad de 3000 pesos o una renta de 300 pesos.
- El Presidente duraba ocho años en sus funciones, los Diputados cuatro años.
- La Libertad de Imprenta quedaba tan restringida que se estipulaba castigos hasta para los vendedores de diarios impresos en el exterior.
- El Presidente tenía amplias facultades: Elegía a los jueces; autoridades eclesiásticas y militares.
Lo interesante de este asunto es que fue Vicente Rocafuerte, primero desde Guayaquil y después desde Lima, quien comenzó a organizar el asunto; una vez que vio las verdaderas intenciones del General Juan José Flores, con quien hasta entonces tenía relaciones amistosas.
Y fue entonces desde Guayaquil que comenzó la revolución. El 6 de marzo, al amanecer, se tomó el cuartel de artillería. Muchos jóvenes pidieron armas entonces y se desconoció el gobierno del Gral. Flores. Se formó entonces un gobierno provisional dirigido por Vicente Ramón Roca, Diego Noboa y José Joaquín de Olmedo.
Conciente de la situación, Flores se refugió en la hacienda “La Elvira” de su propiedad, en Babahoyo. Fueron tres encuentros entre las tropas revolucionarias, al mando del General Elizalde y las tropas del oficialismo, al mando del General Wright.
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