A veces prefiero pensar que hay muchos cepillos -lambones- en Carondelet o en los ministerios. En estas épocas en las que las vacas flacas comienzan a comerse a las gordas, todos quieren tener el favor del supremo emperador, de su majestad, del todopoderoso.
Quizá a ninguno le gusta que le den su nalgada los sábados y en público. Todos hacen pareciera más por miedo que por iniciativa propia. Si no fuese así, yo escucharía a Correa más felicitar a sus ministros que recriminarlos. Y los sábados los reta, les increpa. Cuando algo se ha hecho bien, dice “nosotros”. Cuando algo sale mal, dice “ya voy a ver que ha pasado con…”. No, él no tiene la culpa de nada. Y obviamente tampoco tiene la culpa de cómo está el país. Eso es por la larga noche neoliberal y el capitalismo infernal y aberrante.
Pero ya me desvié del tema principal.
Bueno, hablaba de los cepillos o lambones que pululan en Carondelet. Y digo esto porque demás está sabido que el modelo de gestión de Guayaquil está cuestionado desde hace casi 2 años. Que exitoso o no, que lo evaluen otros, a mí más que exitoso me parece adecuado. Existe muchísimo por mejorar y lo conocemos, lo sabemos. Que la regeneración urbana se ha dedicado más a la ciudad que a la gente, sí. Pero no puedes sacar adelante a la gente en medio de basura y desdén. Y eso, hay que reconocer a los últimos 16 años de gestión. Cualquiera que lo niegue o no le cogieron la carpeta en el municipio o simplemente quiere hacer contra.
Claro que hacer mucho más que las gestiones del PRE tampoco es la gran tontera.
Y otra vez me desvié del tema.
Como dice el alcalde, él es un hombre de sumar y multiplicar. No es mi gran favorito pero apruebo su gestión. Y me gusta esa frase. Porque todo ser que se jacte de pensar, tiene que saber que sólo unidos podremos salir del atolladero. Del estancamiento en el que efectivamente nos dejaron los gobiernos anteriores, a todos los ecuatorianos de a pie. Que ha habido injusticia, es cierto. Pero eso no tiene porqué detenernos a buscar nuevos días. JUNTOS:
Y casi me vuelvo a ir del tema. Juntos, decía. Y no mezquinando recursos ni destruyendo lo que se ha levantado. Repito: todo es susceptible de mejora, pero juntos, no por separado.
Me ha dado pena leer notas tales como: retirar la participación del Municipio de la regeneración de escuelas, que la central de llamadas de la Corporación de Seguridad Ciudadana está siendo peleada, que “en cualquier parte menos en Guayas“.
Yo pensaba que todos remábamos para el mismo lado. Iluso y pendejo yo. Al final todo esto viene siendo cuestión de política, de votos, de maniqueísmos egoístas. De sacar cuentas y ver quién va de candidato a Alcalde (¿no se dan cuenta de los méritos que está haciendo el obediente Jiménez?). Aunque nuevamente parece una pelea de “yo la tengo más grande”.
Y en medio nosotros. Que vivimos más cerca de la delincuencia cada día. Con miedo de caminar con algo de dinero en el bolsillo. Con miedo de subirnos a un taxi sin ponerle seguro a las puertas. Con largos y terribles dolores de cabeza pensando cómo demonios hacer alcanzar la quincena 2 días más; mientras el gobierno duplica esfuerzos y borra lo hecho para hacerlo “como la revolución ciudadana manda”, o como el alcalde se pone en posiciones testarudas en lugar de invitar al diálogo a ver cómo se puede ayudar.
Ayayay. Parece que lo que interesa más es destruir lo logrado acá. Que si el MAAC no pagará la alícuota. ¿Realmente vale la pena hacer un escándalo de ello? Durante las cadenas de los sábados parece que sí. ¿Y entonces? No que todos estabamos invitados al cambio y un poco de sartas más? ¿Qué precepto político impera, el de servir o el del poder?
Yo si sé.
Foto: Angel Blue



