
Ya que hoy estamos de cumpleaños de la revolución ciudadana, me he atrevido a hacer un pequeñÃsmo análisis del primer año de gobierno de Rafael Correa.
Debo empezar admitiendo que jamás imaginé que iba a ser un año tan duro polÃticamente hablando.  Desde los 57 destituidos (restituidos, ex-restituidos, etc), hasta la lucha polÃtica por el tema de la reforma tributaria.  SÃ, ha sido muy complicado.
Y a veces me pongo a pensar si es que realmente asà se hacen las revoluciones.  Me refiero al hecho que efectivamente una revolución tiene que romper esquemas, tiene que ser algo completamente nuevo y que permita mejorar.  Visto desde ese punto de vista, me parece que sÃ, estamos viviendo una revolución: bandos enfrentados ideológicamente, anuncios de luchas económicas, muchos cambios.  Eso, sin duda, me hace parecer que de verdad estamos viviendo una revolución.  Ciudadana parece, pero aún no sabrÃa decirlo: tengo que esperar este año -asà de optimista soy- para ver si en realidad no se convierte nada más en un cambio de dueño del paÃs.
Y efectivamente son algunas acciones las que me ponen a dudar de ello: el encarcelamiento en junio de una persona por supuesta “falta de respeto a la majestuosidad del cargo”, los términos peyorativos hacia los opositores, hacia la prensa, etc: una especie de ley del embudo pero ahora en otras manos.  Imposible olvidar el capÃtulo del “si les digo que se vayan a la casa de la verga no se lo tomen literalmente”.  (Una foto de la verga a la que se referÃa Correa, a continuación del salto).


