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17 Jan 06

Expandiendo horizontes

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Este servidor suyo, a más de gustarle la política, le gusta también la programación en sistemas. Para no mezclar los temas, he decidido abrir un nuevo blog, dedicado más que a programación, a trucos y tips para mejorar en general el rendimiento (performance) de una aplicación.

Pues si les interesa, ahí les va el vínculo: http://best-performance.blogspot.com

2 Jan 06

Atrás quedó el 2005, año que según EcuadorInmediato, fue €œel año de las Chambonadas€. Año en el cual los ecuatorianos volvimos a cambiar de presidente, para poner otro igual o peor. Año en el cual quedó demostrado que la dictadura no puede darse del ejecutivo, sino desde el Legislativo. Año en el que vimos €“o mejor dicho, no vimos- a una Corte Suprema de Justicia digna y pulcra.

El año 2006 promete muchas cosas: año de elecciones €“preparen los oídos y ojos para los aparatos electorales-, mucho ruido y pocas nueces. Seguramente seguirán los enfrentamientos, los egoísmos, los maniqueos con el fin de preservar el poder en las mismas manos. Se destaparán nuevas ollas de corrupción, se taparán otras tantas.

Año del mundial de fútbol, que por un mes nos tendrá atolondrados a los que amamos el deporte €œrey€, y que una buena actuación de nuestra selección paliará sin duda todo aquello que tan pesimistamente estamos acostumbrados a ver.

¿Qué cuales son las predicciones para el año 2006 en Ecuador? Véanlas ustedes mismos. Yo las veo por curiosidad, pero como todo en la vida: me las tomo con mucho escepticismo. ¿Por qué? Porque es solo una parte del futuro, aquel futuro que construimos día a día y que siempre tratamos que sea mejor. Es parte de un futuro que podemos trastrocar con cada acción que tomemos. O es el futuro al que nos dirigimos si es que no hacemos nada por cambiarlo.

Por eso me gusta celebrar el Año Nuevo. Porque me digo, aunque sea sicológicamente, €œborrón y cuenta nueva€, porque me comí esas 12 uvas, porque me metí plata en el bolsillo, por el calzoncillo amarillo. Porque la esperanza de días mejores siempre esta ahí, mejor aún en el inicio del nuevo año. Porque para mejorar siempre esta cualquier día que amanezca, pero en el inicio del año es, no sé, como más motivador. Y, si todos nos planteamos objetivos alcanzables, y miramos al futuro con optimismo y nos dejamos de corruptelas y tonterías que lo que hacen es dañarnos y dañar al resto, quizá nos sintonicemos hacia el país que queremos.

No dejemos que el 2006 nos haga a nosotros. Hagamos nosotros el 2006.

11 Nov 05

¿No sabes de qué se trata? Lee el día 1 y el día 2.

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€œOk, don Juan, quedamos a las 9H15€. €œArreglémonos rápido€. Luego de un super desayuno y haber aseado al nene, bajamos al lobby del hotel a esperar la llegada de don Juan. Primero al Panecillo.

Debo confesarlo: no había ido nunca donde la vírgen. Recién me dí cuenta que era inmensa. Me subí para ver mejor a Quito. Luego me dí cuenta que de no ser por el Telefériqo, dicho lugar hubiese estado a full. Con unos cuantos turistas más andábamos trepados en el monumento (iba a escribir trepados en la vírgen, pero se iba a leer feo). Que vista tan agradable. Desde ahí pude apreciar el altar Patrio, el centro de Quito, el Sur.

¿Y ahora? Ya sé. Vamos al centro histórico. Luego del habitual tráfico, gracias al cual pasamos por el penal, algunos mercados, calles estrechas, y empinadas, muy empinadas. Las mujeres policías a la orden del día. Algunas hasta guapas, diría yo.

El Teatro nacional Sucre. Bacansísimo, recién arreglado. Carondelet. €œGordo, otra vez no vamos a ir allဝ. Ya, está bien. Ahora que era de día, quise conocer la plaza San Francisco. Me metí a la iglesia. Muy lúgubre para mis gustos. Me imagino que demasiada luz puede dañar el arte que por siglos está en dicho templo. Vamos.

€œOiga señorita, ¿y la piedra que le faltó al diablo cual fue?€ €œEsa, joven€. Otra realidad a la luz: Cantuña fue muy quisquilloso. Por una piedrita se la sacó al diablo. En serio, es una piedrita €“siempre y cuando me lo hayan dicho de una manera correcta-. Pasamos luego por Santo Domingo -creo-.

Vamos. Luego de 30 minutos o más de recorrer la ciudad, salimos de Quito, rumbo al Pululahua. Bonito. Regresamos y nos detuvimos en la mitad del mundo. Ya lo conocía, en realidad fui como por costumbre.

No podía faltar, ya a la hora de almuerzo, un hornadito. Reeeeeeeeco.

Exhaustos -y llenos a reventar-, concluimos nuestro viaje. Al día siguiente iba a ser el regreso al manso Guayas. Me fui muy contento de la capital del Ecuador.

Renové energías, fuerzas, mente y espíritu. Cuando puedan, vayan. Yo espero regresar en unos dos años, pero ahora sí a conocer otros sitios.

Si no entiendes, lee el día 1.
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Luego de una llamada al Sr. Juan Viteri, quien iba a ser nuestro “guía turístico” a bordo de su Matrix Amarillo, nos pusimos el traje apropiado y voalá, estabamos embarcados hacia lo desconocido: las alturas de Quito.

Para esto, Quito me había recibido con un verano cálido y agradable. No me estaba espantando con el frío. Pero lo que sí había recibido es una buena dosis de nariz seca, así como una sed insaciable. ¿Alguien sabe por qué da tanta sed en la altura?

Viendo el día agradable, como ya lo mencioné, decidí no llevar la rompevientos, simplemente un buzo iba a ser mi compañero de aventuras. Arrancamos. Luego de las presentaciones de rigor, nuestro amigo taxista nos comenzó a llevar hacia el Telefériqo, trayecto que se nos hizo relativamente corto por la gran cantidad de historias urbanas que Don Juan ha acumulado a lo largo de sus 65 años.

Una vez en la entrada, noté que para ser un día jueves a las 10H00, el lugar se encontraba lleno. Bueno, lo que si me dí cuenta es que la mayoría de la gente hacía fila para Vulqano (el parque de diversiones, no piensen mal), así que no me preocupé y me embarqué hacia el Teleférico.

Adultos $4, Niños mayores de 2, $2. Bueno, me parece bien. Voy a comprar. Nadie en la fila, perfecto. Cuando estaba apunto de pasar, y celebrar que nos iba a tocar al instante, se me acerca una señora. “Joven, yo estaba antes que usted, pregúntele al guardia”. Este mono le cedió el lugar sin problema. “Gracias joven”. Ella se acercó a la ventanilla: “Deme OCHENTA boletos para niños”. Al escuchar tan magna cifra, sabía que la espera me iba a desesperar. No me quedaba de otra.

Ochenta niños y una hora 30 minutos después…

Al fin pudimos ver cerca la cabina. Un espacio para 6 personas. El frío ya había comenzado a pasarme factura: en dicho complejo corre un viento que ya hablaba de lo que me esperaba.
El trayecto de subida fue muy bueno: se nota claramente el abismo, lo fuertemente empinado que está, una vista de Quito en la cual la ciudad parecía hecha de legos. El viento movía la cabina, así como la plata mueve a los diputados. Alcanzamos a divisar la estación superior. Ya estamos arriba.

Ni bien abrieron la puerta de la cabina, comencé a sentir como si de pronto me hubiesen puesto un ventilador industrial del lado derecho de la cabeza. ¡Que viento para tan fuerte! Un letrero indica: 4100 metros.

Y ahí arriba, agarra a tu hijo. Comprenderán que yo que ni corro para coger la buseta, correr detrás de mi nene en semejante altura se transformó en la competencia a ver a quien se le acaban los pulmones primero. Obviamente perdí. Pude apreciar el Guagua Pichincha -o al menos me dijeron que ese es-, una vista de Quito preciosa queno hacía otra cosa que confirmar mis sospechas: Quito es una ciudad laaaaaaarga. Don Juan nos dijo luego que la ciudad tiene 60 km de largo.

El viento, calculo yo, pega a unos 30 – 40 km/h, si no es más. Eso provocó que los oídos comenzaran a sentirse insoportables -recuerden, solo llevé un buzo-, mientras mi hijo seguía corriendo, cada vez hacia más arriba. El aliento se me iba en cada paso. Hasta que se calmó. Bueno, vamos de bajada, los oídos se me revientan, y la nariz del nene, que estaba entretenídisimo, comenzó a sangrar luego que lo aupé para comenzar el descenso: todavía tenía pulmones para llorar.

Ahora sí me metí a Vulqano (de nuevo, no seas mal pensado), muy chévere el parque de diversiones. El super-loop bastante interesante. No me demoré por acá dado que el nene se había rendido luego de la bajada.

En síntesis. Si van a Quito, visiten el Telefériqo. Es una experiencia inolvidable. Pero no hagan como yo, así que lleven una buena chompa.

Regreso al hotel. “¿Oye y si nos vamos en la noche al centro histórico?” “Ya pues, allá vamos.” Luego de superar 45 minutos de intenso tráfico, me encontré frente a Carondelet. O frente al Municipio, depende si les gusta más la ID o el Palacio.

“Mira, aquí cayó muerto García Moreno.” Y casi caigo muerto yo que no ví el Trolebús que se me venía encima. Paseemos en la carreta. Buenaza la ruta de las iglesias. El frío ni se sentía.

- “Ya vamos, se hace tarde”.
- “Pero si recién son las nueve”.
- “Gordo, esto no es Guayaquil, la gente se guarda más temprano”.
- “Ok, vamos, pero en la mañana regresamos nuevamente”.

31 Oct 05

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Ahora también pueden acceder a esta bitácora vía www.elecuadordehoy.org.

25 Oct 05

Día 1

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Este post se pudo haber llamado también “pagando viejas deudas“.

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Sonó el despertador. Eran las 4 y media. Hacía tiempo que no escuchaba el silencio de la ciudad a esa hora. Llamé al Taxi-Amigo, que no fue muy amigo luego a la hora de cobrar. Ya en el terminal, me sentía raro al haber llegado tan temprano para el carro de las seis, que se ve como de las seis, parece el de las ocho pero en realidad sale a las seis y media. Con el autobús ya copado, luego de los respectivos: €œ¡Quito, Quito, venga, ya salimos!€, arrancó la travesía.

Me habían recomendado irme en avión. Pero, al no disponer de la guita suficiente para poder hacerlo, no me quedó otra que la vía terrestre. Ya algunos años que no recorría la ruta. Y la encontré algo diferente, definitivamente. Las carreteras concesionadas, una belleza. El carro ni se sentía. Habría podido hasta dormir de no haber mediado mi hijo con sus juegos, una vez que se tomó su biberón. Yo rogaba al cielo, a Santa Marta y San Guchito que no hiciera popó, porque seguramente en €œla comodidad€ de esos asientos hubiese sido más fácil hacer una cama de dos plazas que cambiarle el pañal con materia fecal del bebé.

El paisaje no ha variado mucho: plantaciones de limón, banano, palma africana, arroz. Todo ello ya en la provincia de Los Ríos. Gracias a Dios, los arroceros todavía no se habían dado cuenta que había sobreproducción, porque sino, hubiese salido en las noticias haciendo trasbordo. Ni había sentido las 2 primeras horas de viaje cuando arribamos a Windows, o sea, Ventanas. Al rato Quevedo. Para esto, ya mi espalda y su parte inferior habían comenzado a hacer mella en mí. Que acomódate mejor, que siéntate bien. Al cabo de seis horas de viaje, apareció Santo Domingo. Más palma africana. Además, me da la impresión que es una ciudad bien fácil, porque sí que da papaya.

Parada en el terminal. €œ15 minutos, señores€. Alivio para mis piernas, mi espalda y mis nalgas. Ya estaban agotadas las pobres. Me decía: €œSólo 2 horas más, 2 horas más€. El seco de pollo de ese restaurante estaba bueno. No buenísimo, solamente bueno. Lo recomiendo, aunque recomendaría mejor que lleven su propio tenedor.

Luego de una Coca-Cola, me sentí más aliviado, listo para enfrentar la cordillera. Acá si me aburrí: abismo tras abismo. Que se me tapaban los oídos, que se destapaban. El bebé se comportaba bien, considerando que había corrido durante los quince minutos de la parada, y se quedó dormido mientras ascendíamos. Pusieron una película de Val Kilmer que no me acuerdo el nombre, creo que era €œJuegos Peligrosos€, o algo así. El asunto es que Val Kilmer era un militar chepísimo, pero que el doblaje al español lo había convertido en medio torta: €œCoño, tío, hostias,… €. Creo que no me acostumbraré nunca.

¿Y que es esto? Creo que Alóag. Sí, ya estamos cerca. Media hora después, ya estabamos en Tambillo. Y no me di cuenta donde empezó Quito. El asunto es que cuando caí en cuenta ya leía anuncios como €œToros populares€. Me dije €œya llegu逝. En ese preciso momento sentí claramente como las raíces se desprendían del asiento. Quito me recibía a las 14H32. La Virgen del Panecillo ya me estaba haciendo ojitos. €œVe, llegamos al Terminal€. No mejor, vamos al terminal de estos manes, que es en el Centro. Mejor, porque pasamos por los túneles de San Roque, San Juan, San Blas y no me acuerdo cual otro, porque ya me estaba quedando soñado por la mala ventilación en uno de ellos.

Ya bajados, a coger taxi. El mono tiene la costumbre de negociar antes, así que preguntémosle. €œJefe, ¿cuanto al hotel XXXX?€ €œ3 dólares€. €œSi viste, acá también funciona el regateo€. Una vez registrados, ahora sí, un ligero descanso. Viaje para matador. Pensaba como iba a hacer para el regreso.

En horas de la noche, un poco más descansados, a caminar. Hay que adaptar los pulmones. Y los adapté bien. Las corridas del bebé en la vereda los pusieron a prueba. Regresamos a descansar, sabíamos que la jornada del día siguiente iba a ser un reto a nuestro físico.

¿Fotos? En el día 2.

20 Sep 05

2 años

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El 31 de enero de 2003, ya sospechaba de tu existencia. En la noche lo confirmé. El lunes siguiente lo reconfirmé. Ya estabas ahí, formándote. Ocho meses más tarde ya te tenía en mis brazos.

“Toma hijo, este es el pedacito de cielo que Dios te ha mandado”. La abuelita te puso en mis brazos, aún torpes para ese tipo de menesteres. Parecías de cristal, de porcelana. De esa porcelana fina que te da miedo tan solo verla, porque piensas que se va a romper. Me miraste. Me agarraste el meñique. Me atrapaste.

Y me dejé llevar por tí. No importó la hora de la madrugada que fuese: ahí estaba yo. Te despertabas hambriento y te llevaba corriendo donde tu mamá, que te esperaba con mucho amor. Yo me distraía mirándote mientras dormías. Y quería que soñases conmigo, con nuestros futuros partidos de futbol, con la ida al estadio. Con tu primer día de clases… En fin, que compartas conmigo aquello que te esta deparando la vida.

Y así has venido creciendo. Desde ese 20 de septiembre, en el cual me agarraste el meñique y me dijiste que era tu papá. Desde que me tocó darte el biberón. Desde que te cambié el primer pañal. Desde que te dí el primer baño. Me tienes atrapado, y perdidamente enamorado.

Hoy ya son 2 años. Ya estás corriendo, estás aprendiendo mucho más. Ya corres a abrazarme. Ya jugamos a las besuqueadas y le hacemos la vida imposible a mamá. Ya estás grande. Pero sigues siendo el pedacito de cielo que Dios me mandó. Y eso no me lo quitará nunca nadie.