
Imagen tomada de El Federalista
El día de hoy venía en la mañana escuchando la radio en la busheta, cuando el locutor pues lanzó la noticia al ruedo. Y no pude evitar el reírme.
Es que cambiarlo bajo el argumento que ya no nos representa, suena bien, pero no es real. Sinceramente yo no me imagino cantándole a otra bandera o a otro escudo. Me ha costado enseñarle a mi hijo que el pajarito encima del escudo se llama cóndor. O sea que si se llega a extinguir tendremos que reemplazarlo por una gallareta, será de hacerlo. O cambiemos el rojo de la bandera, porque al final ya no hay héroes derramando sangre. O ahora que está de moda el cambio climático cambiemos el azul, porque ya no hay cielos tan azules que digamos.
Nuevamente la Asamblea pierde tiempo en tonterías. Quien encabeza esta propuesta es Tania Hermida: “Quienes creemos en la capacidad transformadora de las palabras y los signos creemos, entonces, que no es suficiente escribir una nueva Constitución; para reinventarnos y renovar nuestro sentido de la vida como país es necesario, también, reinventar los símbolos que nos representan”.
Me quedaré con lo enseñado por los maestros:
Flota orgullosa, espléndida y galana
y ondula entre las ráfagas, ligera,
¡oh, de mi Patria, tricolor bandera!
Iris listado de oro, azul y grana
El alma al verte se alboroza, ufana,
y el pecho sus latidos acelera
como al brillar el iris en la esfera,
o el prisma de arrebol de la mañana.
¡Recuerdo de una Ilíada de Titanes,
de mi Ecuador imagen! Los dolores
tú, de la ausencia, en el patriota calmas.
Roja, como el fulgor de sus volcanes;
Aurea, cual de su sol los resplandores;
Azul, como su cielo… y cual sus almas.
Numa Pompillo Llona (Guayaquileño)


