Posts etiquetados con ‘Turismo’

La catedral de Guayaquil en imágenes

Quien ha leído unos cuantos posts del blog de Xica, sabe que es orgullosamente guayaquileña. Le encanta su tierra, su gente. Alguna vez recuerdo que decía que se declaraba regionalista, porque siempre quiere lo mejor para su región.

Resulta que por estos días anda de vacaciones y se ha puesto en la tarea de redescubrir Guayaquil. Esta vez se ha pegado un paseo por el parque Seminario y la catedral de Guayaquil, sorprendiéndose por algo que de verdad hace tiempo no se veía: muchos turistas.

(La verdad sea dicha, eso de los turistas en Guayaquil nos tiene sorprendidos a todos. Antes la verdad ni me imaginaba ver tanto gringo en día de semana en el malecón. O tanta gente de otras partes del Ecuador. Si así llueve, que no escampe.)

Como se está divirtiendo con su cámara, aquí publico un par de las fotos que le sacó a la Catedral. Péguenle una visita y anímenla a que siga de vacaciones, para que nos entregue más de esas estampas guayaquileñas renovadas.

Otra foto después del salto.

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6 Mar 07

El Estero Salado

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Domingo, 2 de la tarde. Algo aburridos, decidimos con parte de la familia política irnos al Malecón del Salado. Alguna vez ya había ido por allá, a degustar de los mariscos y pues de un paseo en un bote motorizado en el Estero Salado.

Pero esta vez llevé la cámara en mano, y el paseo fue diferente: en bote a remos. Claro que yo no remé por motivos de salud (si remaba me moría), así que luego de contratar los servicios profesionales de un remador, cancelados los 3 dólares del alquiler del bote por 45 minutos -toda una ganga-, nos embarcamos en el bote, cuyo destino era pues llevarnos desde ahí, prácticamente desde el puente del Velero hasta el puente de Urdesa.

Ya embarcados la vista cambió completamente. De verdad que las cosas vistas casi a ras de estero aparentan diferencia: desde el mismo malecón, pasar por debajo del puente 5 de junio, ver el malecón universitario, etc.

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9 Feb 07

La cascada de Peguche

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No hace mucho que encontré el blog Acuario27, un blog escrito desde Ibarra, Ecuador.   Su especialidad: los parajes de la provincia de Imbabura.
Para muestra, un botón: espectacular foto de la cascada de Peguche.

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Muy recomendado. Diría que hasta saludable -y relajante, créanme- que lo agreguen a sus feeds.

5 Dec 06

Exploring Guayaquil

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Buscando en YouTube, me encontré este video tomado por unos turistas no hace mucho. En él se aprecia básicamente el Malecón del Salado, una visita al Cerro del Carmen con una vista espectacular de Guayaquil y al final del día un sanduchi de polo.

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25 Nov 05

Tomado de Guayaquil Protesta:

Los trabajos para la inauguración del nuevo aeropuerto internacional de Guayaquil van muy avanzados, y es hora de ponerle un nombre de un guayaquileño. Eso motivo que en varias reuniones y tomando consultas a muchas personalidades de la ciudad, surgió espontáneamente el nombre de José Joaquín Olmedo.

Luego de 185 años de que somos Ecuador, es hora de rendir culto a nuestros propios ciudadanos, y no se requiere acudir a nombres extranjeros para denominar a la puerta de entrada a esta ciudad de Guayaquil rejuvenecida.

Independientemente de este hecho, el Presidente Hugo Chávez acaba de cambiar el nombre del aeropuerto de Maiquetia, por el de Simón Bolívar, y siendo esto un acierto del Presidente venezolano, no es menos cierto que nosotros también tenemos nuestras obligaciones con los ecuatorianos que forjaron nuestra identidad.

La propuesta está siendo enviada a la Junta Cívica para que la promueva y la presente al Alcalde de la Ciudad. Bastaría una Ordenanza del I. Concejo Municipal para plasmar esta aspiración que rinde culto a la reingeniería de nuestra historia local y nacional.

A mí me parece una idea muy acertada. ¿A usted?

11 Nov 05

¿No sabes de qué se trata? Lee el día 1 y el día 2.

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€œOk, don Juan, quedamos a las 9H15€. €œArreglémonos rápido€. Luego de un super desayuno y haber aseado al nene, bajamos al lobby del hotel a esperar la llegada de don Juan. Primero al Panecillo.

Debo confesarlo: no había ido nunca donde la vírgen. Recién me dí cuenta que era inmensa. Me subí para ver mejor a Quito. Luego me dí cuenta que de no ser por el Telefériqo, dicho lugar hubiese estado a full. Con unos cuantos turistas más andábamos trepados en el monumento (iba a escribir trepados en la vírgen, pero se iba a leer feo). Que vista tan agradable. Desde ahí pude apreciar el altar Patrio, el centro de Quito, el Sur.

¿Y ahora? Ya sé. Vamos al centro histórico. Luego del habitual tráfico, gracias al cual pasamos por el penal, algunos mercados, calles estrechas, y empinadas, muy empinadas. Las mujeres policías a la orden del día. Algunas hasta guapas, diría yo.

El Teatro nacional Sucre. Bacansísimo, recién arreglado. Carondelet. €œGordo, otra vez no vamos a ir allဝ. Ya, está bien. Ahora que era de día, quise conocer la plaza San Francisco. Me metí a la iglesia. Muy lúgubre para mis gustos. Me imagino que demasiada luz puede dañar el arte que por siglos está en dicho templo. Vamos.

€œOiga señorita, ¿y la piedra que le faltó al diablo cual fue?€ €œEsa, joven€. Otra realidad a la luz: Cantuña fue muy quisquilloso. Por una piedrita se la sacó al diablo. En serio, es una piedrita €“siempre y cuando me lo hayan dicho de una manera correcta-. Pasamos luego por Santo Domingo -creo-.

Vamos. Luego de 30 minutos o más de recorrer la ciudad, salimos de Quito, rumbo al Pululahua. Bonito. Regresamos y nos detuvimos en la mitad del mundo. Ya lo conocía, en realidad fui como por costumbre.

No podía faltar, ya a la hora de almuerzo, un hornadito. Reeeeeeeeco.

Exhaustos -y llenos a reventar-, concluimos nuestro viaje. Al día siguiente iba a ser el regreso al manso Guayas. Me fui muy contento de la capital del Ecuador.

Renové energías, fuerzas, mente y espíritu. Cuando puedan, vayan. Yo espero regresar en unos dos años, pero ahora sí a conocer otros sitios.

Si no entiendes, lee el día 1.
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Luego de una llamada al Sr. Juan Viteri, quien iba a ser nuestro “guía turístico” a bordo de su Matrix Amarillo, nos pusimos el traje apropiado y voalá, estabamos embarcados hacia lo desconocido: las alturas de Quito.

Para esto, Quito me había recibido con un verano cálido y agradable. No me estaba espantando con el frío. Pero lo que sí había recibido es una buena dosis de nariz seca, así como una sed insaciable. ¿Alguien sabe por qué da tanta sed en la altura?

Viendo el día agradable, como ya lo mencioné, decidí no llevar la rompevientos, simplemente un buzo iba a ser mi compañero de aventuras. Arrancamos. Luego de las presentaciones de rigor, nuestro amigo taxista nos comenzó a llevar hacia el Telefériqo, trayecto que se nos hizo relativamente corto por la gran cantidad de historias urbanas que Don Juan ha acumulado a lo largo de sus 65 años.

Una vez en la entrada, noté que para ser un día jueves a las 10H00, el lugar se encontraba lleno. Bueno, lo que si me dí cuenta es que la mayoría de la gente hacía fila para Vulqano (el parque de diversiones, no piensen mal), así que no me preocupé y me embarqué hacia el Teleférico.

Adultos $4, Niños mayores de 2, $2. Bueno, me parece bien. Voy a comprar. Nadie en la fila, perfecto. Cuando estaba apunto de pasar, y celebrar que nos iba a tocar al instante, se me acerca una señora. “Joven, yo estaba antes que usted, pregúntele al guardia”. Este mono le cedió el lugar sin problema. “Gracias joven”. Ella se acercó a la ventanilla: “Deme OCHENTA boletos para niños”. Al escuchar tan magna cifra, sabía que la espera me iba a desesperar. No me quedaba de otra.

Ochenta niños y una hora 30 minutos después…

Al fin pudimos ver cerca la cabina. Un espacio para 6 personas. El frío ya había comenzado a pasarme factura: en dicho complejo corre un viento que ya hablaba de lo que me esperaba.
El trayecto de subida fue muy bueno: se nota claramente el abismo, lo fuertemente empinado que está, una vista de Quito en la cual la ciudad parecía hecha de legos. El viento movía la cabina, así como la plata mueve a los diputados. Alcanzamos a divisar la estación superior. Ya estamos arriba.

Ni bien abrieron la puerta de la cabina, comencé a sentir como si de pronto me hubiesen puesto un ventilador industrial del lado derecho de la cabeza. ¡Que viento para tan fuerte! Un letrero indica: 4100 metros.

Y ahí arriba, agarra a tu hijo. Comprenderán que yo que ni corro para coger la buseta, correr detrás de mi nene en semejante altura se transformó en la competencia a ver a quien se le acaban los pulmones primero. Obviamente perdí. Pude apreciar el Guagua Pichincha -o al menos me dijeron que ese es-, una vista de Quito preciosa queno hacía otra cosa que confirmar mis sospechas: Quito es una ciudad laaaaaaarga. Don Juan nos dijo luego que la ciudad tiene 60 km de largo.

El viento, calculo yo, pega a unos 30 – 40 km/h, si no es más. Eso provocó que los oídos comenzaran a sentirse insoportables -recuerden, solo llevé un buzo-, mientras mi hijo seguía corriendo, cada vez hacia más arriba. El aliento se me iba en cada paso. Hasta que se calmó. Bueno, vamos de bajada, los oídos se me revientan, y la nariz del nene, que estaba entretenídisimo, comenzó a sangrar luego que lo aupé para comenzar el descenso: todavía tenía pulmones para llorar.

Ahora sí me metí a Vulqano (de nuevo, no seas mal pensado), muy chévere el parque de diversiones. El super-loop bastante interesante. No me demoré por acá dado que el nene se había rendido luego de la bajada.

En síntesis. Si van a Quito, visiten el Telefériqo. Es una experiencia inolvidable. Pero no hagan como yo, así que lleven una buena chompa.

Regreso al hotel. “¿Oye y si nos vamos en la noche al centro histórico?” “Ya pues, allá vamos.” Luego de superar 45 minutos de intenso tráfico, me encontré frente a Carondelet. O frente al Municipio, depende si les gusta más la ID o el Palacio.

“Mira, aquí cayó muerto García Moreno.” Y casi caigo muerto yo que no ví el Trolebús que se me venía encima. Paseemos en la carreta. Buenaza la ruta de las iglesias. El frío ni se sentía.

- “Ya vamos, se hace tarde”.
- “Pero si recién son las nueve”.
- “Gordo, esto no es Guayaquil, la gente se guarda más temprano”.
- “Ok, vamos, pero en la mañana regresamos nuevamente”.